El puente de las manos temblorosas
Valentina vivía junto a una garganta donde un puente de cuerda solo aparecía durante la niebla. Guardaba una campanilla azul para avisar a los viajeros, aunque jamás se había atrevido a cruzar.
Una crecida dejó a un aprendiz de pastor en la otra orilla. Valentina pudo esperar al guardián, pero la cuerda comenzaba a soltarse; ató la campanilla a su muñeca y avanzó despacio.
Cada vez que le temblaban las manos, hacía una pausa y escuchaba al muchacho. Regresaron juntos antes de que la niebla se abriera, y ella conservó la campanilla, sin ocultar nunca cuánto miedo había sentido.
