El bastón de los viajeros pacientes
Valeria guiaba caravanas sobre un desierto cuyas dunas se movían al escuchar pasos apresurados. Llevaba un bastón tallado por su padre y se enorgullecía de no detenerse nunca antes de alcanzar el oasis marcado en el mapa.
Una viajera empezó a quedarse atrás y Valeria notó también su propio cansancio. Decidió buscar sombra, repartir agua y preguntar por rutas alternativas, aunque aquello obligara a cambiar el horario prometido a los comerciantes del grupo.
Al bajar el viento encontraron un paso más firme entre las rocas. Valeria añadió señales de descanso al bastón y enseñó a sus nuevos ayudantes que conocer una ruta incluía saber cuándo convenía detenerse y volver a observar.
