El horno que aprendió a descansar
Sol cuidaba un horno que cocía vasijas con el calor recogido durante el verano. Se enorgullecía de mantenerlo encendido cada noche, mientras las paredes del taller empezaban a mostrar pequeñas grietas alrededor de la chimenea.
Cuando llegó el encargo más grande del año, pudo cerrar las grietas con barro y seguir. Decidió apagar el horno y pedir a otros talleres que compartieran la tarea aunque perdería parte de las ganancias.
Durante el descanso repararon juntos la chimenea y comieron en el patio. Sol volvió a encender el fuego una semana después, con un calendario de pausas y vecinos a quienes podía acudir sin esconder el cansancio.
