La puerta que esperaba el alba
En un pueblo donde las casas giraban durante el invierno, Aurora heredó una puerta sin pared. Todos le aconsejaron venderla, pero ella reconoció las pequeñas marcas que su abuela había grabado en el marco.
La llevó hasta una plaza abandonada y decidió construir alrededor un refugio para viajeros. Utilizó piedras de edificios caídos y dejó las marcas a la altura de los niños que llegaban.
Cuando el pueblo volvió a girar, el refugio permaneció orientado hacia el amanecer. Nadie supo explicar el prodigio; Aurora conservó la llave para recordar que empezar también puede ser una manera de cuidar.
