La persiana del primer ensayo
Alba ensayaba violín en una ciudad donde las persianas solo se abrían al escuchar una melodía nueva. Llevaba meses repitiendo una pieza ajena para evitar errores, y su habitación permanecía cerrada a la calle y al aire.
Su maestra propuso comenzar con tres notas propias, aunque fueran inseguras. Alba decidió tocarlas ante una vecina y preguntarle qué había escuchado, en lugar de esconder el instrumento cuando una cuerda respondió de forma inesperada.
La persiana se abrió apenas un palmo y entró olor a pan. Alba siguió ensayando, añadiendo pausas y cambios; cada mañana tenía ahora un pequeño espacio abierto para practicar algo que todavía estaba aprendiendo a hacer.
