La carrera que terminó en un abrazo
Victoria entrenaba en una ciudad donde los corredores perseguían cintas que volaban sobre los tejados. Quien atrapara la cinta roja recibiría el único par de botas capaz de caminar sobre la nieve sin hundirse.
En la última curva vio a su rival atrapada entre dos tejados. Podía alcanzar la cinta con un salto, pero soltó su vara y la tendió hacia la muchacha para ayudarla a regresar.
Llegaron juntas cuando ya se habían apagado las campanas. Los zapateros fabricaron un segundo par de botas, y ambas pasaron el invierno llevando provisiones a las casas que ninguna carrera había alcanzado antes.
