El cuidador de los nombres olvidados
En este relato original de Nuovonome, Camilo atendía un jardín detrás de un teatro. Cada maceta llevaba el nombre de alguien que había trabajado allí, incluso quienes nunca recibían aplausos frente al público de las funciones.
Le pidieron retirar las plantas para colocar un cartel. Camilo eligió proponer que cada programa incluyera los nombres de quienes preparaban vestuario, limpieza y escenario durante las representaciones.
Aceptaron y el jardín quedó junto a la entrada. Las familias buscaron nombres conocidos: aquel trabajo silencioso había encontrado una manera de ser reconocido sin desplazar a nadie.
