La balanza de las piedras distintas
Daniela custodiaba una balanza capaz de pesar las piedras que cada habitante llevaba en su mochila. El pueblo suponía que quien cargara más debía haber cometido mayores faltas y lo dejaba al final de todas las filas.
Una mañana pesó la bolsa de un niño y encontró dentro herramientas para reparar la casa de su vecina. Daniela decidió abrir públicamente su propia mochila antes de volver a utilizar la balanza.
Mostró recuerdos, errores y objetos que cuidaba por otras personas. Cambiaron las normas de la plaza y transformaron el instrumento en una mesa de ayuda, donde cada carga podía explicarse antes de decidir cómo compartirla.
