Las botellas que no pedían regreso
Mar cartografiaba un océano donde las islas aparecían únicamente cuando alguien aprendía una canción nueva. Guardaba sus mapas en botellas y temía compartirlos, porque pensaba que otros navegantes podrían llegar primero a sus descubrimientos.
Una tormenta la dejó en una playa sin nombre. Allí recibió una botella con instrucciones para encontrar agua; decidió utilizar el reverso del papel para dibujar el camino seguro hacia su propio puerto.
Lanzó la botella sin saber quién la recogería. Al regresar encontró canciones que nunca había oído y mapas firmados por desconocidos; desde entonces anotó también los hallazgos ajenos, dejando algunas orillas pendientes para futuros viajeros.
