La muralla que aprendió una puerta
Jimena reparaba una muralla cuyos ladrillos conservaban los sonidos del exterior. Cada noche los guardianes oían rugidos y ordenaban elevarla, aunque nadie había visto qué criaturas vivían realmente al otro lado de las piedras.
Encontró un ladrillo que repetía una canción infantil. En vez de derribar toda la defensa, propuso construir una puerta con mirilla y organizar turnos para preguntar a quienes pasaban qué necesitaban y de dónde venían.
Descubrieron una comunidad que también temía sus campanas. Compartieron herramientas y acordaron señales de aviso; Jimena siguió cuidando la muralla, ahora con una entrada que podía abrirse por elección y cerrarse cuando fuera necesario.
