La linterna de las voces pequeñas
Lucía reparaba linternas en una ciudad cuyas calles desaparecían cuando alguien dejaba de nombrarlas. Una noche recibió una lámpara diminuta que apenas iluminaba un botón y una carta escrita con letras temblorosas.
Pudo utilizar su aceite para alumbrar la avenida principal, pero prefirió seguir aquellas palabras hasta un callejón olvidado. Allí encontró a una anciana que llevaba meses sin recibir una visita.
Conversaron hasta que aparecieron nuevamente los adoquines y después las casas. Lucía colgó su pequeña linterna en la entrada; desde entonces, los vecinos aprendieron a preguntar quién faltaba antes de cerrar sus puertas.
