El guardián de la fuente pequeña
En este relato original de Nuovonome, Leo vigilaba una fuente tan discreta que los viajeros apenas la miraban. Bajo sus piedras vivía un pez de cobre que mantenía el agua en movimiento.
Un constructor quiso llevarse el pez para su palacio. Leo eligió mostrarle los huertos, talleres y cocinas que dependían de aquella corriente antes de aceptar cualquier recompensa.
El constructor cambió sus planos y reparó la fuente. Leo recibió una llave sin cerradura, símbolo de una responsabilidad que cuidaba algo mucho mayor de lo que parecía.
