La piedra que sostuvo la fuente
Paula clasificaba piedras para una fuente capaz de recordar todas las manos que la habían construido. Los artesanos buscaban mármol brillante para el frente, mientras una pequeña roca gris quedaba siempre apartada junto al polvo.
Durante la prueba final el agua escapó por debajo de la base. Paula reconoció la forma del hueco y propuso utilizar aquella piedra, aunque al hacerlo desaparecería de la vista de quienes visitaran la plaza.
La fuente quedó firme y su murmullo empezó a repetir los nombres de todos. Paula dejó una piedra semejante sobre su mesa, sabiendo que ser reconocida y ser necesaria podían adoptar formas diferentes, igualmente dignas.
