La brújula que señalaba preguntas
Marina recibió una brújula que nunca señalaba el norte. Su aguja giraba hacia aquello que aún no comprendía, y por eso ningún capitán quiso aceptarla como instrumento en sus grandes expediciones comerciales.
En lugar de esconderla, Marina construyó una pequeña embarcación y siguió la aguja hasta una isla de sal. Allí descubrió pescadores que necesitaban reparar redes hechas con un material que nadie conocía en su puerto.
Aprendió a tejerlas y enseñó a construir mejores remos. Volvió varias veces, cambiando su mapa con cada viaje, mientras la brújula seguía ofreciéndole preguntas que valía la pena explorar junto a otras personas.
