El árbol de las cartas sin enviar
Leonor heredó un jardín donde crecían sobres en lugar de hojas. Cada primavera aparecían cartas que sus familiares habían escrito sin enviarlas, y ella las recogía en una cesta para evitar que las leyera alguien.
Un día reconoció la letra de su padre en una rama muy alta. Decidió llevarle el sobre cerrado y preguntarle si quería abrirlo con ella, en lugar de descubrir a escondidas su contenido.
La conversación duró mientras caían las primeras hojas. Algunas cartas siguieron cerradas y otras encontraron destinatario; Leonor dejó la cesta junto al árbol, aprendiendo que cuidar la memoria también requiere respetar sus silencios.
