El tambor de los pasos pequeños
Camila construía tambores en un valle donde los caminos se extendían al ritmo de la música. Los viajeros preferían golpes rápidos, pero ella caminaba despacio porque llevaba consigo herramientas, semillas y un viejo perro cansado.
Un mercader le ofreció un tambor que duplicaba la velocidad a cambio de abandonar su carga. Camila eligió reparar el instrumento pequeño que había heredado y pidió a sus compañeros repartir parte del equipaje.
Llegaron al valle siguiente después de los demás, con semillas para plantar y herramientas para levantar refugios. Camila enseñó un ritmo que permitía conversar durante el camino y esperar sin convertir la espera en reproche.
