El primer dibujo del territorio nuevo
Eva vivía en una ciudad cuyo mapa dejaba en blanco cualquier lugar todavía no explorado. Recibió una caja de tizas y la advertencia de no dibujar nada fuera de las calles que todos conocían desde pequeños.
Cuando el pozo comenzó a secarse, decidió explorar la zona blanca con una jardinera y un constructor. Anotaron plantas, pendientes y huellas, regresando cada tarde para compartir lo descubierto y corregir los errores del recorrido.
Encontraron una fuente y diseñaron un sendero que evitaba un terreno frágil. Eva dejó espacio en su dibujo para otras observaciones, sabiendo que descubrir algo también exigía escuchar a quienes entendían mejor cómo cuidarlo.
