El telar de las ventanas abiertas
Fátima tejía cortinas en un taller donde las telas guardaban el olor de las casas que habían protegido. Conservaba un paño familiar tan antiguo que apenas dejaba pasar el aire durante las tardes de verano.
Su tía le pidió mantenerlo intacto, pero la habitación necesitaba respirar. Fátima propuso cortar pequeñas franjas, conversar sobre los recuerdos de cada una y unirlas a un tejido nuevo de espacios amplios y colores elegidos juntas.
El aire volvió a mover las cortinas y los antiguos aromas permanecieron entre las fibras. Fátima guardó también los retales sobrantes, para que la próxima persona de la familia pudiera decidir qué quería conservar y transformar.
