El hilo que no sujetaba
En una aldea de costureras, Alma recibió un carrete cuyo hilo recordaba las canciones escuchadas al hilarlo. Su madre quería coser con él un abrigo que impidiera a su hija perderse lejos de casa.
Alma eligió bordar pequeños pañuelos para cada integrante de la familia. Reservó uno vacío para las personas que todavía no conocía y salió al camino sin llevar ninguna prenda que pudiera retenerla.
Años después regresó con nuevos bordados y nuevas voces. Los pañuelos cantaron juntos sobre la mesa, y su madre entendió que aquel hilo había conservado el vínculo precisamente porque había dejado espacio para la distancia.
