El archivo de las canciones pequeñas
En este relato original de Nuovonome, Alonso ordenaba partituras en un faro abandonado. Sus armarios guardaban canciones que las familias habían cantado al cocinar, coser o acompañar el sueño de sus hijos durante varias generaciones.
Un coleccionista quiso llevarse las únicas copias. Alonso eligió invitar a los vecinos a cantar y copiar las melodías antes de decidir el destino de aquellos cuadernos.
Las reuniones reunieron fondos para reparar el edificio. Las canciones viajaron en muchas manos: conservar una voz también significaba procurar que alguien pudiera volver a cantarla.
