El mensaje que cruzó el vendaval
Gabriela llevaba avisos por una llanura donde el viento deshacía las palabras antes de que llegaran al oído. Utilizaba una bocina de cobre para anunciar las crecidas, pero una tormenta dobló su borde justo al comenzar las lluvias.
Podía seguir gritando hasta quedarse sin fuerzas. Decidió recoger telas de colores y acordar señales con cada aldea, enseñándolas primero a quienes no podían oír bien los avisos que antes salían desde la torre.
La próxima crecida encontró banderas visibles en cada tejado y caminos de evacuación preparados. Gabriela reparó su bocina, aunque mantuvo las telas a mano; había aprendido que hacerse entender también requiere cambiar la manera de hablar.
