El traductor de los árboles escritos
En este relato original de Nuovonome, Jerónimo estudiaba un bosque cuyas cortezas mostraban palabras después de la lluvia. Copiaba sus signos para que los niños conocieran historias que casi nadie sabía leer en las aldeas cercanas.
Un editor pidió publicar una versión única sin dudas. Jerónimo eligió consultar otras voces y señalar los fragmentos que admitían interpretaciones distintas, aunque el libro tardara más en estar terminado.
Los lectores aportaron recuerdos a las páginas abiertas del volumen. La tradición seguía conversando: transmitirla con honestidad había permitido que nuevas personas participaran de su cuidado y de sus preguntas.
