El jardín de las sillas vacías
En este relato original de Nuovonome, Matías cuidaba un jardín donde cada silla tenía una flor bajo el asiento. Una permanecía vacía y sus flores se cerraban cuando los visitantes pasaban sin detenerse.
Una vecina escuchaba desde lejos. Podía llamarla delante de todos; eligió acercar una taza y sentarse a una distancia donde ella pudiera decidir si quería conversar.
Varias tardes después se unió al grupo y la flor abrió despacio. Matías comprendió que ofrecer compañía también requería respetar el espacio y el tiempo de quien la recibía.
