El frasco de las cosas diminutas
Rocío recogía gotas sobre una colina donde cada flor recordaba el último gesto amable recibido. El pueblo esperaba una lluvia extraordinaria para recuperar el jardín, pero los pétalos seguían cerrados mientras todos discutían sobre grandes soluciones.
Ella tomó un frasco de cristal y llevó agua cada mañana a la planta junto a la puerta de una vecina. Aprovechaba el viaje para preguntar si necesitaba pan, compañía o que le arreglaran una bisagra.
Otras personas empezaron a cuidar una planta cercana y el jardín abrió por sectores. Rocío conservó su frasco pequeño, recordando que aquellas visitas no lo resolvían todo, pero habían hecho menos solitarios muchos días del vecindario.
