El color que faltaba en el mapa
Violeta coloreaba mapas en un reino que solo reconocía cinco tintas. En un viaje encontró una piedra cuyo polvo producía un tono desconocido, parecido a las sombras que dejan las flores después de la lluvia.
Los cartógrafos rechazaron aquel color porque no figuraba en sus reglamentos. Violeta decidió utilizarlo para marcar fuentes públicas y dejó una pequeña muestra junto a cada mapa para que cualquiera pudiera reconocerlas.
Los viajeros empezaron a pedir aquellas señales y otros artesanos propusieron tintas nuevas. Violeta guardó la piedra casi consumida en su escritorio; había descubierto que una diferencia también podía convertirse en una herramienta para todos.
