El caballo de las rutas elegidas
Carolina cuidaba caballos de madera que cobraban movimiento al escuchar una canción de viaje. Su familia llevaba generaciones recorriendo la misma ruta y había preparado para ella una silla con todos los destinos ya bordados.
Antes de partir descubrió un valle que no aparecía en el tejido. Decidió hablar con su familia, aprender qué peligros conocían y dejar un nuevo espacio en la silla para explorar aquel camino con cuidado.
Regresó con otra canción y noticias de un puente reparado. La familia añadió el valle a sus viajes sin borrar las rutas antiguas; Carolina conservó un trozo de tela vacío para las decisiones que aún le pertenecían.
