La llave del cuarto de música
Elisa afinaba instrumentos en una casa donde cada habitación guardaba una canción. El cuarto de su hermano permanecía cerrado desde que había perdido las ganas de tocar, y la llave descansaba sobre el piano familiar.
La directora de la orquesta le pidió abrirlo para recuperar un violín. Elisa decidió dejar la llave junto a una nota y sentarse fuera con una taza de té, sin exigir respuesta ni música.
Al tercer día su hermano abrió apenas la puerta y pidió compañía. Tardó meses en volver al violín; Elisa siguió visitándolo incluso en silencio, mientras la casa aprendía a escuchar otras maneras de estar juntos.
