El teatro de las palabras prestadas
Julieta cosía telones en un teatro donde los personajes podían abandonar las obras para pedir consejo. Una noche apareció un príncipe incapaz de declarar su cariño sin repetir discursos escritos por otros durante siglos.
Ella le ofreció una taza desconchada y le preguntó qué gesto recordaba de la persona amada. El príncipe habló del pan que compartían los jueves y de cómo ella apartaba las semillas para los pájaros.
Julieta escribió aquellas frases en el reverso del libreto. La siguiente función terminó sin aplausos grandiosos, pero con una conversación sincera; desde entonces guardó una página en blanco al final de cada obra.
