La barca que aprendió las mareas
Luna heredó una barca redonda en un puerto que celebraba siempre al navegante más veloz. La embarcación giraba con las mareas y resultaba imposible hacerla competir en línea recta con los demás barcos.
En vez de cortarla para convertirla en otra cosa, Luna aprendió sus movimientos. Descubrió que podía acercarse a las cuevas donde las grandes naves chocaban y comenzó a transportar cartas entre las pequeñas islas.
Los habitantes pintaron sus mensajes en el borde de la barca. Luna nunca ganó una carrera, pero abrió un recorrido que antes no existía y llegó a conocer rincones que los corredores jamás habían visto.
