La cuna de los deseos compartidos
Natalia construía cunas en un bosque cuyos árboles dejaban escuchar los deseos de las familias. Una pareja le pidió madera que asegurara una vida siempre alegre, y otra buscó una rama que concediera talento para la música.
Ella escuchó ambos encargos y propuso fabricar una cuna sencilla con un cajón para cartas. Invitó a cada familia a escribir qué estaba dispuesta a aprender y ofrecer, sin decidir cómo debía ser su bebé.
Los cajones se llenaron de promesas pequeñas, algunas corregidas con el tiempo. Natalia conservó las primeras astillas en su taller, recordando que preparar una bienvenida también consiste en dejar sitio para una persona todavía desconocida.
