El mensaje que debía volver
Paloma trabajaba en una torre de correo donde las cartas se convertían en pájaros de papel. Un sobre sin dirección llevaba años regresando al mismo alféizar, aunque los mensajeros lo enviaban cada mañana hacia ciudades distintas.
Podía archivarlo entre los mensajes perdidos, pero decidió abrir únicamente su solapa exterior. Encontró una pregunta sin respuesta y dejó una hoja junto a la ventana para que el remitente pudiera escribir de nuevo.
La siguiente noche llegó una carta más pequeña. Paloma respondió sin prometer resolverlo todo, y el pájaro encontró por fin su ruta; la torre incorporó después una mesa para quienes necesitaban conversar antes de enviar.
