La casa de los dos umbrales
Rebeca habitaba una casa con dos puertas que daban a estaciones distintas. Una abría hacia el verano de su infancia y la otra hacia el otoño de la ciudad donde había aprendido un nuevo oficio.
Sus visitas discutían sobre qué puerta debía permanecer cerrada para evitar corrientes. Rebeca decidió construir un patio interior y pedir a cada grupo que trajera una planta capaz de vivir entre ambas temperaturas durante el año.
El patio requirió cuidados y algunas plantas cambiaron de lugar, pero terminó floreciendo. Rebeca organizó comidas con las dos puertas abiertas a ciertas horas, creando acuerdos que permitían recibir sin pedir a nadie olvidar de dónde venía.
