El bordado del cielo incompleto
Celeste remendaba una enorme tela extendida sobre un observatorio. Cada puntada revelaba una estrella, pero en el centro permanecía un agujero que ningún hilo conseguía cerrar, por mucho que trabajaran los bordadores más expertos.
El director le pidió cubrirlo con un parche de oro. Ella decidió dejar el hueco abierto y colgó debajo un pequeño espejo de agua, para observar qué cambiaba cuando la tela se movía.
Allí se reflejaron nubes, aves y rostros que nunca aparecían en los mapas celestes. Celeste siguió bordando alrededor, guardando aquel espacio para recordar que una obra puede sostenernos sin tener todavía todas sus respuestas.
