La caja de las llaves confiadas
Amina custodiaba un depósito donde los vecinos dejaban llaves que abrían recuerdos felices. Cada cerradura tenía un sonido distinto, y ella conocía todas las melodías aunque nunca había abierto ninguna puerta sin permiso.
Una noche una llave comenzó a llorar dentro de su caja. Amina pudo probarla para descubrir el motivo, pero decidió buscar a su dueña y preguntarle si quería entrar acompañada en aquel recuerdo que estaba cambiando.
Juntas encontraron una habitación vacía y sembraron plantas en sus ventanas. La dueña conservó su llave; Amina aprendió que cuidar una confianza a veces consiste en estar disponible sin apropiarse de lo que alguien entrega.
