El olivo que necesitó otra tierra
Olivia heredó un olivo en una maceta demasiado estrecha. Lo llevaba de casa en casa para conservar el jardín de su abuelo, aunque las hojas empezaban a caer y las raíces habían deformado el barro.
Su familia proponía dejarlo en el patio antiguo. Olivia eligió plantarlo en el terreno compartido de su nueva calle, consultando a una jardinera que mezcló la tierra heredada con la que ya había allí.
El árbol tardó dos temporadas en dar fruto. Los vecinos cuidaron sus primeras aceitunas y Olivia guardó la maceta rota junto al banco, recordando que preservar algo querido también puede exigir cambiar la forma de sostenerlo.
