El jardín de las preguntas guardadas
Maryam cultivaba un jardín cuyos frutos contenían preguntas escritas en pequeñas láminas de nácar. Los visitantes buscaban respuestas rápidas, pero ella solo podía ofrecerles semillas y explicar cuánto tardaba cada árbol en crecer.
Un viajero le ofreció cambiar todos los árboles por una máquina que prometía certezas. Maryam eligió conservar el jardín y plantar junto a la entrada una especie nueva, aceptando que todavía desconocía qué frutos daría.
Durante la espera, los vecinos construyeron bancos y compartieron sus dudas. Algunos encontraron respuestas fuera del jardín; otros siguieron visitándolo, y Maryam cuidó ambos caminos sin pedir que todos creyeran exactamente lo mismo.
